¿Es recomendable dar un cachete a los hijos?

Hoy he estado leyendo un artículo de una psicóloga que decía que no había que pegar NUNCA a los hijos. Mi sorpresa ha sido mayúscula cuando he leído los comentarios a la lectura y la mayoría justificaban los cachetes. Según ellos, sin un cachete a tiempo los niños son unos indomables.

Pero, ¿de verdad es necesario los cachetes para educar bien a un hijo?

Yo creo que NO

El no dar cachetes no significa que seas una madre o padre permisivo. Sólo significa que se educa de modo diferente.

Nuestros padres ( al menos la mayoría) nos pegaban cada vez que hacíamos algo mal o teníamos un comportamiento que no les gustaba. A ellos los habían educado así y repitieron patrones. No conocían otro modo de hacerlo.

Pero nosotros disponemos de una información valiosísima, al alcance de todos, que nos indica que hay una mejor forma de educar. Entonces, ¿ porqué no aplicarla, porqué repetir patrones?

Educar es enseñar a comportarse de acuerdo a nuestros valores. Son nuestros valores los que inculcamos a nuestros hijos.

Podemos educarlos en valores como la tolerancia, el repeto a los demás, empatía, esfuerzo…. sin necesidad de darles un cachete,

Se trata de definir límites. Que los niños los tengan claros para saber cómo deben actuar

Cuando vamos a un nuevo trabajo hay unas normas nuevas, límites nuevos… que debemos aprender para saber cómo comportarte en esa empresa, cómo actuar o lo que se espera de tí. Te las explican y las acatas. ¿ Te imaginas que viniera tu jefe a darte un cachete para que conocieras los “límites” de la empresa? NO, no hace falta. Los conocemos y los acatamos.

Entonces, ¿ porqué los niños necesitan los cachetes para entenderlos? Son pequeños, no tontos. Si se los explicamos bien lo entenderán.

A un niño hay que hablarle mucho y explicarle porqué el comportamiento no es el adecuado. No vale decir: no porque lo digo yo, lo haces porque yo te lo mando y punto…. Así no entenderán nada y luego nos quejaremos de que no nos hacen caso, de que ayer le reñí y hoy vuelve a repetirlo, es un indomable…. Al igual que nosotros, tienen que tener claro qué se espera de ellos y porqué está mal lo que hacen.

Según la edad del niño le hablaremos de una forma u otra. Adaptandonos a su lenguaje para que nos entiendan. Los niños, por pequeños que sean, entienden más cosas de las que nos creemos.

Cuando se portan “mal”, debemos hablar con ellos en calma y explicarles porque no nos gusta su comportamiento. A veces les cuesta entenderlo pero si le dices: imaginate que te lo hicieran a ti, ¿ te gustaría, qué sentirías?. De esa manera lo entienden mejor. Si no son muy mayores no entienden muy bien cuando hacen algo mal a los demás porque aún no tienen mucha empatía. Pero tienen muy claro lo que no les gusta que les hagan a ellos.

Es conveniente después de hablar con ellos decirles que piensen sobre lo que les hemos dicho. Que reflexionen. Que se den cuenta lo que han hecho y sus consecuencias. Esto se puede hacer desde bien pequeños si sabes explicarselo con sus palabras. A mi hija con tres años le decía piensa lo que te he dicho,  se iba al baño y se estaba un ratito. Después venía y me decía: mamá ya me lo he pensado. Perdóname

Mi conclusión es que tenemos que explicarles bien los límites de manera que los entiendan. Si lo hacemos bien no necesitamos darles cachetes. Los niños necesitan cariño y comprensión, no cachetes.

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¿Inteligencia emocional también en niños?

Hoy en día se habla mucho de la educación emocional pero, ¿ es importante también para los niños?

La educación emocional es importante a cualquier edad.  Debemos educar a los niños no sólo en conocimientos sino también emocionalmente. Pero, ¿ qué es la inteligencia emocional?

“Inteligencia emocional es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, así como los ajenos, de motivarnos y saber manejar las emociones”. Daniel Goleman

¿Qué debemos hacer para tener una buena inteligencia emocional?

  • Identificar y reconocer las emociones. Debemos ayudar al niño a que identifique lo que siente. Da igual que no sepa ponerle una etiqueta (darle un nombre). Lo que importa es que sepa expresar lo que siente. Según la edad puede resultarle más fácil hacerlo mediante dibujos con colores ( pueden ser garabatos) o escribir lo que siente. Cuando las emociones son “negativas” al expresarlas les ayuda a que se pase antes.
  • Aceptar y comprender las emociones. Ahora que ya sabemos lo que sentimos debemos aceptarlo e intentar comprender porque se han producido, cual ha sido la causa que la ha provocado. Si sabemos lo que la provoca podemos estar atentos ante una misma situación para que se minimice o desaparezca. Aprendemos a controlarlas.
  • Dejar que fluya y cumplan su función. No debemos reprimirlas. Las emociones siempre hay que expresarlas. Se trata de saber qué las provoca y controlarlas
  • Expresarlas de forma adecuada. Ya hemos dicho que no hay que reprimirlas pero sí debemos controlarlas. Si el niño siente enfado cuando le quitan un juguete debemos ayudarle a que ese enfado lo manifieste de forma adecuada. No tiene que pegar al otro si está enfadado, puede decirle que si no se lo devuelve se enfadará.

¿Qué conseguimos con una buena inteligencia emocional?

  • Autoconsciencia. Seremos conscientes de nuestras emociones y cómo las expresamos
  • Autoregulación. Aprenderemos a regular nuestras emociones manifestándolas de forma correcta
  • Motivación. Nos ayuda a trabajar con determinación para conseguir los objetivos
  • Empatía. Seremos más capaces de ponernos en el lugar del otro, de entenderlo mejor y comprenderlo
  • Habilidades sociales. Con empatía nuestras relaciones sociales mejoraran considerablemente.
  • Ayuda a crear una autoestima sana. Seremos conscientes de como somos, como mejorar y valorarnos mejor
  • Responsabilidad. Con ello conseguiremos que los niños sean más autónomos, responsables y seguros.
  • Felicidad. Una buena inteligencia emocional ayuda al bienestar personal y por tanto a que seamos más felices.

Con todo esto, si lo que queremos es conseguir que nuestros hijos sean felices, cuanto antes les eduquemos en inteligencia emocional antes lo conseguirán

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Autoestima

¿Qué es la autoestima?

La autoestima es la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Durante años yo tuve una baja autoestima. Siempre quise mejorarla pero no supe cómo o no estaba bastante motivada para ello. Aumentarla suponía un gran esfuerzo y al fin y al cabo yo siempre la había tenido así, estaba acostumbrada a vivir de esa manera,  ¿para qué iba a hacer ese gran esfuerzo? Me daba miedo salir de mi zona de confort

Cuando nació mi hija, me prometí que iba a hacer todo lo que estuviera a mi alcance para que creciera con una autoestima sana. A medida que se iba haciendo mayor fui dándome cuenta que no lo estaba consiguiendo. No creía en ella, no tenía confianza en sí misma. Me pregunté, ¿qué estoy haciendo mal, no la motivo suficiente, no estoy enseñándole a quererse y confiar en ella, qué más puedo hacer? No fue fácil conocer la respuesta. Pero tras mucho meditar llegué a la conclusión de que la “culpa” era mía. Le había inculcado desde pequeña lo que debía hacer, eso lo hice bien, pero fallé en lo más importante, enseñarselo con el ejemplo. Los niños aprenden más lo que ven que lo que les decimos. Si yo tenía una autoestima baja ¿ qué ejemplo le estaba dando?.

Fue ahí cuando tuve la suficiente motivación para cambiar. Tenía que salir de mi zona de confort, olvidarme de mis miedos y cambiar. Necesitaba trabajar la autoestima para enseñarle a mi hija con el ejemplo. ¿Hay mayor motivación para una madre que hacer las cosas por el bien de sus hijos? A partir de ahí trabajé duro y conseguí tener una autoestima sana. No fue fácil, pero lo conseguí. Además, me di cuenta que cuanto más fuerte era mi autoestima mayor era la de mi hija. El trabajo nos sirvió a las dos.

Ahora que todo ha pasado, me doy cuenta de lo importante que es.

  • Al tener una autoestima sana crees más en ti. Esto hace que consigas tus objetivos porque tienes la fuerza suficiente para llevarlos a cabo. Y cuanto más objetivos consigues mayor es tu autoestima y tu confianza
  • . Mejoran tus relaciones sociales. Ya no tienes miedo a lo que la gente piense de ti, das tu opinión y tienes una relación más sincera.
  • Mejora tu ámbito laboral porque sabes lo que vales y no dejas que abusen de tí.
  • Mejora tus relaciones familiares. Si te quieres, quieres a los demás y dejas que te quieran.

Cuando tienes una baja autoestima, la mayoría de personas van de victimas: todo lo malo me pasa a mi, nadie me quiere, no valgo para nada, estorbo a todo el mundo, la culpa de todo lo malo es mía…..

  • Esto provoca unas malas relaciones y unas malas experiencias. Las malas experiencias las provocamos nosotros. Las atraemos con nuestra forma de pensar y cuando suceden nos dan la razón: ves como todo lo malo me pasa a mi.
  • Vemos el mundo con pesimismo, creemos que en este mundo pasan muchas desgracias, más que cosas buenas.
  • Estamos tristes, sin entusiasmo, hacemos las cosas de forma rutinaria, no nos ilusionamos por nada y tendemos a buscar el afecto que no nos damos a nosotros mismos en los demás. Esto también nos produce malestar porque ponemos muchas expectativas en los demás que no siempre se cumplen y nos reafirmamos: es que nadie me quiere.
  • Tenemos pensamientos negativos que lejos de ayudarnos nos machacan mucho más: soy tonta, no valgo para nada,…

Las personas que están a nuestro lado también sufren. No entienden porque pensamos así y no saben ayudarnos.

  • Muchas veces les echamos la culpa de todos nuestros problemas y tenemos muchas discusiones con ellos por tonterias. Esto se convierte en una situación dificil de llevar.
  • No se sienten suficientemente queridos porque si no somos capaces de querernos a nosotros mismos, como vamos a querer a los demás.
  • No pueden hablar de sus problemas: como se los voy a contar con los que ella tiene, y¿ si no lo entiende y acabamos otra vez discutiendo?. Sufrimos nosotros y hacemos sufrir a nuestro entorno.

Tenemos que querernos.Debemos aceptar lo que no nos guste y no se pueda cambiar. Nadie es perfecto pero todos somos dignos de cariño. Cada uno de nosotros es único. Eso no quiere decir que no tengas que mejorar, al contrario debemos crecer como persona siempre. Pero recuerda: Eres la persona con la vas a convivir toda tu vida.

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